Sobre mí - GestaltExplora
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Álvaro Ayllón

Terapeuta Gestalt

Una de las cosas que más valoro ahora es sentirme más vivo, levantarme y poder disfrutar de cada instante, de prepararme una taza de café con una tostada y ponerme a trabajar cada día con aquello que mueve mi corazón:  orientar a otras personas a encontrar su centro, su equilibrio.

 

No ha sido un camino fácil y doy gracias a todo lo que me ha sucedido desde que tengo uso de razón, así como mi proceso de crecimiento que comenzó allá por el año 2013. Ha sido como si cada experiencia representase la pieza de un puzle a construir o cómo pedacitos de arcilla con las que un escultor va esculpiendo sus figuras y va desarrollando su obra.

Este proceso me ha llevado a trabajar con grupos de crecimiento en la Casa de Reposo y Escuela de Salud de Tres Azules, donde no sólo proporcionamos a nuestros pacientes una limpieza higienista a través del ayuno, sino un enfoque mucho más holístico e integral de la salud. Realizo también supervisiones periódicas en la escuela Quatro, donde me formé en teorías y técnicas gestálticas.

 

Hoy en día me dedico plenamente a acompañar a otras personas a que realicen su propio viaje, a descubrir aspectos de sí negados, a permitir que puedan movilizar más recursos para encarar conflictos y a vivir con un mayor nivel de satisfacción desde la consciencia.

 

Todo ello complementado con la titulación de Técnico Superior en Integración Social que me ha proporcionado una visión amplia sobre las necesidades de colectivos en situación de desventaja social.

Tendemos a buscar la aguja que hemos perdido donde nunca se nos cayó por el mero hecho de que hay luz para ver...

Me gustaría compartir con vosotros un sabio cuento sufí sacado de este dicho que me relató uno de mis maestros.

 

Una tarde, en un pueblo pequeño donde todos se conocían, un grupo de jóvenes vio a la anciana Rabiya buscando desesperadamente algo en el jardín frente a su choza. Todos se acercaron a la pobre anciana para ver si la podían ayudar:

 

– Rabiya, ¿Qué te pasa? ¿Qué has perdido? ¿Te podemos ayudar? – le preguntaron.

La anciana con tono triste contestó:

– Perdí mi aguja de oro…

Al oírla, los jóvenes se pusieron a buscar, pero de repente uno de los jóvenes dijo:

– Rabiya, el jardín es muy extenso y por contra, la aguja es muy pequeña; además pronto anochecerá, ¿puedes decirnos más o menos por donde se te cayó y así poder centrarnos en esa zona?

La anciana levantó la mirada, señaló hacia su casa y le contesto:

– Sí tienes razón. La aguja se me cayó allí, dentro de casa.

Esto enfadó al grupo de jóvenes.

– Rabiya, ¿te has vuelto loca? Si la aguja se te cayó dentro de casa, ¿por qué andamos buscándola aquí afuera?

Entonces Rabiya sonrió y les dijo:

Es que aquí afuera hay luz, cosa que dentro de la casa no hay.

El joven que no entendía nada y pensaba que la anciana definitivamente había perdido la cabeza dijo:

– Pero aun teniendo luz, si estamos buscando donde no has perdido la aguja, ¿cómo pretendes encontrarla? ¿no es mejor llevar una lámpara al interior de la casa y buscarla allí, donde la has perdido?

 

La anciana volvió a sonreír y contestó:

– Sois tan inteligentes para las cosas pequeñas, ¿cuándo vais a emplear esa inteligencia para vosotros mismos, para vuestra vida interior? Miles de veces os he visto a todos vosotros buscando desesperadamente afuera, buscando aquello que se os ha perdido en vuestro interior. ¿Por qué buscáis la felicidad alrededor vuestro? ¿acaso la habéis perdido allí, o realmente, la habéis perdido en vuestro interior?

Esto es lo que nos suele pasar habitualmente en nuestras vidas, estamos tan inmersos en buscar fuera de nosotros que nos olvidamos que la esencia del bienestar está dentro de nosotros y nada más. Nuestra felicidad o bienestar auténtico no pueden estar en el exterior, ni en dependencia de las circunstancias, de otras personas o las relaciones que mantenemos. Este bienestar auténtico para que sea real, ha de estar por encima de todo esto. Solo se puede mantener y ser equilibrado si permanece dentro de nosotros.