¿Para qué meditamos? - GestaltExplora
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¿Para qué meditamos?

Gracias a mi labor terapéutica sigo actualizándome y creciendo cada día. Recuerdo las palabras de uno de mis maestros quien me decía: «El terapeuta va adoptando forma y sentido con el desempeño de la terapia, más allá de los conocimientos y la técnica». Como si de una escultura se tratase y que a base de trabajo se esculpe, se define y cuya culminación es relativa, ya que siempre van a existir asuntos conflictuales. No hay que perder el sentido de que lo potente de este método es la horizontalidad de la relación con el paciente, donde partimos desde cero y con una mirada libre de juicios e ideas preconcebidas. Un trabajo que se va orientando en fortalecer el músculo de una percepción más directa, más limpia y menos alterada por nuestros condicionamientos.

Voy a explicar cómo desde la neurosis pretendemos buscar la zona segura justo donde menos seguridad nos proporciona en realidad. Como el cuento sufí que tanto me gusta y que podéis leer en el apartado «sobre mí» de mi página web. Es decir, una cosa es cómo me vivo yo, y otra muy distinta es cómo me rijo.

Lo que llamamos mente no es más que un mero intercambio entre el mundo externo (aquellos estímulos que percibimos a través de nuestros sentidos) con nuestro mundo interno (sensaciones internas). Lo que ocurre como ya he resaltado en las entregas anteriores sobre El Eneagrama, que ese ir y venir de la conciencia entre nuestro mundo externo e interno, se ha ido degradando paulatinamente, dando como resultado el carácter. Ese carácter desde un punto de vista eneagramático ya sabemos que ha provocado una lesión en uno de nuestros 3 centros principales: -Conductual, Mental y Emocional-. Inconscientemente uno está gobernando nuestro organismo y por ende condicionando gran parte de las interpretaciones que hacemos de nuestro mundo externo. Identificando que parte es la que está inflamada podremos tener una gran pista sobre las otras dos más atrofiadas para ir hacia la tendencia que nos permita revertir nuestros condicionamientos automáticos. Pongo un ejemplo en el rasgo 6 que ya hemos visto anteriormente. Su centro intelectual gobierna a este tipo de rasgo en detrimento de su centro conductual o emocional. Su tendencia ante el miedo le supone enfrentarse a los cambios y a ciertos retos que le bloquean: ¿Dónde de forma automática el E6 cree encontrar su espacio seguro sin darse cuenta que es lo que más inseguro le vuelve? Pues la respuesta está en sus pensamientos (elucubraciones, recuerdos, comparaciones, proyecciones, etc.) que no le conducen a ningún lugar puesto que los utiliza inconscientemente para posponer las acciones que tiende a posponer por su miedo a equivocarse. Y en el momento de decidir hacia dónde ir, nunca estará suficientemente satisfecho con la decisión que habrá tomado. Esto es lo que nos sucede cuando he hablado anteriormente del concepto «neurosis». Cuando refiriéndome al Eneagrama y sus 27 formas falsas del ser y donde dichas personalidades han ido construyendo una estructura muy alejada de la realidad, de lo obvio, es imposible experimentar el mundo directamente, en su pureza, en su esencia, en donde la coherencia entre lo que se piensa, se siente y se hace se ha perdido.

En este sentido y con lo que pretende el Eneagrama es intentar regresar al punto donde nuestra autenticidad dejó de ser, donde nuestras emociones estaban en perfecta correlación con nuestras verdaderas necesidades y donde teníamos la capacidad de ver lo obvio, las cosas tal y cómo eran y el sabio regulador organísmico era capaz de restablecer cualquier desajuste entre lo interno y lo externo; la sabiduría del instinto hacía su trabajo sin que ni siquiera darnos cuenta.

Por ello hay dos partes diferenciadas en el trabajo y la profundización como herramienta de crecimiento del Eneagrama, que consiste en conocer cuál es mi estructura y ello me permitirá conocer mucho mejor mi distorsión cognitiva, emocional o instintiva y la falsa tendencia a relacionarme con el mundo externo que me rodea. Y una segunda parte que tiene que ver con un trabajo mucho más espiritual y de ahí la importancia de un trabajo “meditativo”. Sin éste segundo trabajo no podremos traspasar el “ego” y por ende el carácter seguirá su misma tendencia. Sería un canal para volver al cuerpo, volver a las sensaciones corporales (hormigueos, tensiones, temperatura, identificación de las partes más insensibilizadas, la respiración, observar desde otro prisma más neutro nuestros pensamientos, etc.). Hace años pareciese que quien practicara asiduamente cualquier disciplina meditativa fuese etiquetado de “raro”, en cambio ahora es algo cuya demanda han hecho aflorar numerosas escuelas y métodos de meditación. Podría atender a diversas causas que no voy a entrar a hablar aquí, pero algo obvio es que cada vez es más complejo adaptarnos a un entorno tan cambiante y con tantísimos estímulos que ponen a prueba constantemente nuestra adaptación al medio, cada vez más artificial.

Lo que es muy importante y en esto me quiero detener, es la importancia en diferenciar «relajación» de «meditación». Son dos cosas distintas pero la primera es necesaria para poder practicar la segunda. -En una situación de tensión no es posible realizar una práctica meditativa-. Por lo tanto es muy necesario ejercitar previamente ejercicios que nos faciliten un estado de relajación previo antes de sumergirnos en la práctica de cualquier meditación.

Estos ejercicios de relajación pueden ser muy diversos, no hay una única forma, aunque si tener en cuenta los diferentes planos a relajar:

-Relajación externa:

Tomar conciencia de toda la armadura corporal como la piel, postura, tensiones musculares, temperatura, hormigueos, partes más insensibles, forma de la respiración abdominal, sonidos externos, olores, etc.

-Relajación interna:

Hay posibilidad de sentir innumerables sensaciones internas como los globos oculares, la tráquea, latidos del corazón, la sensación interna del abdomen al respirar y sentir como se infla como si de un balón se tratase, ruidos internos, aliento, etc.

-Relajación emocional:

La mente está diseñada para generar pensamientos y estos pensamientos generan a su vez emociones asociadas a ellos. Simplemente observar que durante el ejercicio de relajación esto se va a producir, desviando la atención del recorrido guiado tanto externo e interno a lo largo de la práctica. El ejercicio consiste en ser conscientes de ello y poder volver nuevamente a poner el foco de atención en el cuerpo si es posible, intentando no culparnos, ni emitir juicios negativos sobre nosotros mismos sobre lo bien y/o mal que lo estamos haciendo. Aquí no hay nada bien o mal hecho. Se trata de un entrenamiento para relajarse en primer lugar y no machacarse con juicios, ni pretender tener control de respiración o si la atención se dispersa. Con la meditación posteriormente la atención se irá reeducando y reencaminando paulatinamente; lo importante ahora es simplemente relajarse. Como si de un músculo se tratase, por mucho que queramos fortalecerlo rápidamente y hacer ejercicio exhaustivo, su tonificación lleva todo un proceso que requiere de regularidad, práctica y paciencia.

 

FORMAS DE HACERLO

Recomendable no tumbarse. En primer lugar se trata de una práctica que nos va a ir permitiendo la capacidad de traer la sensación de relajación en momentos de estrés, en los cuales no vamos a estar tumbados. Además si me tumbo corro el riesgo de quedarme dormido y eso ya no sería una relajación, sino un estado de la consciencia distinto.

La postura quizás no sea lo más importante, pero es muy recomendable aunque al principio cuesta trabajo, sentarse con las piernas formando un ángulo recto de 90º e intentar tener la espalda completamente recta y a poder ser sin ningún apoyo (al principio puedes ayudarte de un cojín). Los brazos apoyados sobre los muslos, con las manos abiertas y quedando las terminaciones de los dedos a muy poca distancia de las rodillas.

Mientras se va realizando el recorrido guiado es importante respirar al ritmo normal de cada uno, cogiendo el aire por la nariz mientras siento que la barriga se hincha, y expulsándolo por la boca sintiendo como la barriga se deshincha (la respiración diafragmática es la forma en cómo respiran los bebés sin que nadie les haya indicado como hacerlo). No importa que la respiración al principio no la realicemos correctamente, lo importante es hacer el ejercicio regularmente e iremos viendo cómo se irá mecanizando paulatinamente estando cada vez más libres, más tibios. Si ves que te cuesta puedes practicar solamente esta respiración estando tumbado.

Si alguna parte del cuerpo sentimos una dificultad para sentirla, podemos voluntariamente tensarla y destensarla para hacerla más presente a nuestra consciencia. Hay otros ejercicios de relajación que constan de esto mismo, de tensar y destensar las diferentes partes del cuerpo para incorporar paulatinamente la sensación de cuando aflojo una tensión determinada y el placer que produce hacerlo.

Os dejo aquí un ejemplo de una relajación guiada que dura aproximadamente 14 minutos y donde podremos llevar a la práctica todo lo resumido en esta entrada.

¿Practicamos?

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