La personalidad - GestaltExplora
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La personalidad

Quizás no esté muy contextualizado en nuestra cultura formularse algunas preguntas que estén enfocadas en: – el sentido de nuestra existencia, parar a concedernos unos minutos al día, cuestionar por un segundo si no es posible una reformulación de nuestras creencias y valores, en asuntos como el amor, el apego, el ego, nuestra percepción del mundo tal y como lo contemplamos, etc.-. Pareciese que son asuntos que no tienen cabida en un modelo de vida en el que prima hacer por encima de cualquier cosa.

El entorno no es muy facilitador ya que actualmente con la crisis financiera, la escasa conciliación familiar, la centralización y el éxodo a las grandes ciudades nos han alejado enormemente de nuestra esencia y de entornos naturales más afín a nuestra naturaleza. Esto propicia un descuido en la atención y los cuidados a los más pequeños, que son el futuro y la mejor inversión que sin duda se pueda hacer para recuperar la escasez de amor que sufrimos en el siglo XXI. Esta escasez puede hacer estragos en las generaciones venideras, ya que la carencia afectiva influye negativamente en el individuo y su interacción en su entorno más próximo. El castigo y los mensajes taxativos son los que predominan desde que somos niños y ya de adultos seguimos viviendo en un entorno estrictamente sancionador.

Obviamente no se trata de hacer esfuerzos decimonónicos de pretender cambiar el mundo ya que no depende de uno mismo, pero quizás sí se pueda tomar conciencia de uno mismo y hasta qué punto poder aumentar nuestro nivel de satisfacción y por ende satisfacer también a aquellos que nos rodean. Para ello es importante encontrar un resquicio de silencio, no sólo en el sentido literal de la palabra, sino un silencio interior; disminuir el ruido mental y comenzar a escuchar al cuerpo, mucho más sabio que la propia mente.

Los niños al irse relacionando con su medio ambiente irán incorporando las experiencias (fase de introyección) a su propia actividad y las van reajustando con las experiencias obtenidas. Para que este proceso se lleve a cabo debe de presentarse el mecanismo del equilibrio, el cual es el balance que surge entre el medio externo y las estructuras internas de pensamiento. Cuando esto comienza a ocurrir, es decir, nuestro sistema cognitivo se va conformando, nos vamos alejando más de nuestra auténtica esencia, recordamos menos y aparece el carácter; cuanto más rígido se va haciendo éste menos libres nos sentiremos y emergerán estados de sufrimiento. Dicho de otra forma, comenzamos a percibir el mundo desde una lente que distorsiona la realidad, a nivel interno nos identificamos con un rol que no nos pertenece y a nivel externo interpretaremos la realidad a través de nuestras abstracciones, ajustándolas de tal forma que preserve en todo momento nuestro auto-concepto.

Claro que la experiencia no es la misma para cada individuo; cada uno en función de las carencias afectivas que ha echado en falta durante su infancia se aproximará más a uno de lo que los budistas han denominado «Los tres venenos»:

-La ignorancia (predomina el sistema motor, el instinto, la intuición en detrimento del pensamiento y la emoción).

La aversión o no deseo (predomina la cognición, en detrimento de las emociones y el instinto).

La avidez o deseo (predomina la emocionalidad en detrimento del instinto y la cognición).

No es mejor ni peor uno que otro, ya que los budistas lo consideran tres venenos que alejan a la persona de ese estado de vacío del que uno puede conectar con su verdadera naturaleza y movilizar gran parte de su potencial no accesible. La clave estaría en ir encontrando un equilibrio óptimo de los tres, con la dificultad de que dos de ellos los hemos ido paulatinamente atrofiando y por tanto requerirá de una práctica constante, así como ir ejercitando, como si de un músculo se tratase, la atención. Es probable que si la atención se dispersa, volvamos sin darnos cuenta a interactuar de la misma forma ya que llevamos toda la vida haciendo lo mismo. Por ello en Terapia Gestalt se intenta trabajar no sólo desde lo cognitivo-conductual, ya que dejaríamos un material altamente transformador para que el paciente se reapropie de partes que ha ido negando, pero que al inicio estaban ahí y formaban parte de su personalidad entera, hoy fragmentada.

Claro que no sólo los budistas han establecido una teoría sobre el carácter, si no que remontándonos también mucho tiempo atrás, otros autores cómo Hipócrates, (460-377 a. C.), el padre de la medicina occidental, distinguía cuatro temperamentos diferentes en el canon de las emociones humanas: sanguíneo, colérico, melancólico y flemático.

En 1952 el psicólogo británico Hans Eysenck estableció que la personalidad comprendía dos estadios fundamentales introversión/extraversión y neurosis/estabilidad. Sería la rúbrica a la clasificación anterior puesto que en sus dos dimensiones se incluyen los cuatro temperamentos de Hipócrates:

Podemos añadir a esta clasificación otras muchas, aunque no es mi intención hacer un estudio profundo sobre la historia de la personalidad y sus distintos autores, aunque si reflexionar sobre la importancia de conocer el ajuste del paciente en la terapia, para con ello establecer la línea de trabajo, ya que en ningún caso el comienzo del viaje terapéutico es el mismo para un perfil esquizoide, por ejemplo, que otro narcisista y su adecuada detección va a determinar en gran medida el éxito de la terapia.

Actualmente el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5 es la una herramienta de clasificación y diagnóstico publicada por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría más actual de la que se dispone hoy en día.

Si es cierto que este último es el manual por el que se rigen los profesionales del ámbito clínico para abordar y clasificar los casos de trastornos mentales que a día de hoy se contemplan, aunque desde la Psicología Humanista cuyos iniciadores Rogers y Maslow, intentan no ceñirse a una clasificación tan rígida, al mismo tiempo que extensa y compleja, que muchas veces relega al paciente a una condición de enfermo y cuya etiqueta le deja poco margen de recuperación. Creo fervientemente que en innumerables casos hay un amplio abanico de crecimiento y sanación centrándose en las capacidades del paciente como ser humano y no en su trastorno en sí, que lo limita en su proceso de auto-realización.

Como bien dice el autor Alfred Korzybski y su teoría de semántica general nos dejó el lema de: “El mapa no es el territorio” y en corroboración a lo que he mencionado al principio, el ser humano no puede experimentar el mundo directamente, si no desde su propia lente, no sólo de sus impresiones no verbales provenientes del sistema nervioso como decía Korzybski, ni del lenguaje, sino también de una serie condicionamientos sociales, culturales y de la propia experiencia subjetiva. De ahí que el modelo científico esté tomando otros derroteros ya que la ley causa y efecto ya no puede dar respuesta a innumerables fenómenos.

Tampoco el Eneagrama, herramienta que he trabajado y a través de la cual me ha permitido crecer y explorar el campo de la personalidad, se puede considerar como algo rígido o estático, ya que cada personalidad, aunque se tienda a encuadrarla dentro de un marco, es única, así como su abordaje terapéutico donde cada caso tiene su tempo y su singularidad.

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